Cocinar para olvidar

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Cocinar para olvidar

Decíamos ayer, allá por abril de 2013, que volvíamos a navegar y en mayo de 2015 recuperamos idea, párrafos y filosofía: el comenzar y recomenzar, porque ¡volvemos!. No diré que para siempre porque el viento es muy caprichoso y sopla dónde y cuándo quiere pero vamos a intentarlo.

En este tiempo de ausencia el capitán ha tenido que dar de sí todo lo que puede y algo más para evitar el desastre. Navegábamos en la seguridad de un mar en calma pero con la amenaza de algún viento extraño proveniente de Madrid Fusión, ese viento de aparente vanguardia y sorpresa que casi siempre acaba en tormenta y tempestad. Entre gases, sprays y moléculas El Capitán navegó hacia la trampa advertida de poner rumbo a la luz refulgente y cayó, vaya que si cayó y calló, también calló, este espacio del ciberidem en el que se metió hace tiempo.

El aperitivo molecular trajo después ¡rayos, truenos y centellas! y la navegación se torció en deriva por culpa de una malandrina roca disfrazada de croqueta y ¡zas! el golpe, la zozobra, y el agujero en el casco. Imposible llegar a buen puerto y el encallado como única solución. Tras cerrar las vías de agua, el remolcado, el abrigo portuario y el astillero nos pusimos de nuevo en marcha con nueva singladura y ese tiempo de secano sirvió, al menos, para probar cosas, mejorar gustos y disfrutar sabores.

Después llegó el desamor. Para que luego hablen del amor en cada puerto El Capitán tenía un único y absorbente amor al que entregó fuerzas, pasiones y salud. Hace bien poco, sin embargo, recibió el desaire, el engaño y la traición y le ha abandonado por una precaria ilusión, sino becaria, adornada de juventud y apariencia sin futuro. ¡Que le den! dice El capitán. Así que… ¡A cocinar para olvidar!

Dije en su día y repito ahora que prometo no hacer caso a ectoplasmas, zulúsbachi-buzuks cantamañanas, aunque se disfracen de presidentes de academia gastronómica y poner los pies en el suelo -del barco, claro, cuando esté en alta mar- y seguir la navegación sencilla y divertida que buscamos los mortales. Dicho lo cual añado: vienen varias recetas sabrosas, sencillas, divertidas -me repito cual cebolla, ¡bendita cebolla!- y SIEMPRE PROBADAS ANTES si la tripulación colabora. Y si no, sacaré el látigo y los convertiré en esclavos de trirremes.  Avisados quedan ellos… Y vosotr@s a quienes pido colaboración para que compartamos la pasión de cocinar, compartiendo recetas, truquis y sabores.

¡Grumete, al fogón! ¡A cocinar para olvidar!

Photo credit: OneEighteen via photopin cc

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Mostrando 2 comentarios
  • Consuelo
    Responder

    Yo colaboro comiendo, y a latigazos si es posible. Sea dicho y no se hable más.

  • Aníbal
    Responder

    Viento en popa, toda vela …… y con mucho ánimo

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